(Texto final revisado y corregido con Inteligencia Artificial)
Definitivamente, el diablo anda suelto. Le voló el brazo de una pasá. El machete quedó horrorizado al enterarse del suceso. Manchado de sangre, miraba consternado a Chimpa. El sudor del brazo corría por el filo, semejando el llanto que provoca una tragedia anunciada.
El machetazo le cercenó el brazo al Guaro. El puñal le traspasó el hígado a Chimpa.
—¡No te meta en esa vaina! Ese pleito no es tuyo.
Guaro se desmayó. Chimpa no tenía fuerzas. La sangre derramada acabó con el pleito. “¡Eso no se queda así!”, gritó Chimpa antes de morir, sin saber que el pleito había terminado ahí.
—Que lo lleven al Darío.
—ese brazo está en un hilito.
—qué importa, en el Darío se lo pegan.
—mierda, hermano, usté sí es cruel.
—¿y no es verdad?
Aquel hecho transcurrió como un día de trabajo normal en una tienda. Recogieron los cuerpos. Los montaron en la cama de una camioneta, en medio del bullicio y la algarabía de los espectadores.
—Guaro mató a Chimpa.
—pero se quedó sin brazo.
—¿y qué?, pero mató a Chimpa.
Se rumoreaba en voz baja por todo el barrio. Chimpa era un terror. Metía cocaína por boca y nariz y después salía a atracar para seguir metiendo más coca por ojo, boca y nariz. Ese tiguere se creía dueño de todas las mujeres. No respetaba ni maridos celosos ni mujeres religiosas. Atento a guapo, mantenía a todo el mundo en zozobra.
Guaro estaba convencido de no haber visto nunca un hombre con otro en la boca. Por eso el pleito.
—Por ahí anda Guaro con su brazo remendado.
—para ser en el Darío, esa costura le quedó muy bien.
—¿y qué tú crees? En ese hospital están los mejores cirujanos del país.
—ya lo creo.
—¿y tú qué piensas de lo de Chimpa, se quedará eso así?
—lo dudo, que Guaro se cuide.
—yo creo que se quedará así.
—¡Oh! ¿Y tú, quién eres?
—el narrador de la historia que acabas de leer.
—¡cómo!
Sí —les contesté—. No creo que alguien quiera tomar represalias contra Guaro. El Chimpa era un ser despreciable, al que todos le deseaban la muerte a diario. Nos indignamos con este tipo de personajes, pero siempre encontramos una justificación para no enfrentarlos.
Un día lo matará una sobredosis… Mis hijos… Mi esposa… Qué dirá Mamá, no le voy a dar ese sufrimiento.
En fin, un millón de excusas válidas para evadir una responsabilidad colectiva.
Miles de Chimpas en los barrios. Pocos Guaros.
Nadie quiere enfrentar los males que nos agobian.
Nadie quiere enfrentar a los corruptos.
Nadie quiere verse envuelto en una encerrona.
Nadie quiere perder un brazo en una riña.
¡No te metas en esa vaina, que a nadie le importa!





